Lanzarse al agua... fría
24 de febrero de 2026 | 10 min. de lectura
Por Finn van der Aar: inmersiones en agua fría, un ritual que engancha y el kit imprescindible para disfrutar todo el año.
El Zen V2 acompaña a Mateusz Malina: menos ruido, más confort y un estado mental donde todo fluye.
Hay un momento, justo antes de sumergirse, en el que todo se detiene. La respiración se vuelve lenta, el cuerpo se aquieta y la mente deja de hacer ruido. En la apnea, ese instante lo es todo.
Para Mateusz Malina, uno de los nombres más destacados del freediving mundial, ese estado no tiene nada de místico: “No es algo que puedas forzar en el último momento. Es el resultado directo de la preparación.” Es simplemente, entrenamiento: el resultado de años de repetición, de entender el agua y de aprender a no interferir.
Su historia con Orca empieza mucho antes de los récords. En 2009, cuando todavía era un principiante, buscaba una referencia clara. La encontró observando a quienes ya estaban redefiniendo los límites. “Si los mejores del mundo estaban usando ese equipo para empujar los límites de lo humanamente posible, era la elección correcta para mí.”
Quince años después, esa decisión inicial se ha transformado en algo más sutil, casi imperceptible: confianza absoluta. Una confianza que no se construye con grandes gestos, sino con detalles pequeños, repetidos, constantes.
Porque en la apnea, cada detalle cuenta. Un milímetro en el ajuste, una mínima resistencia en el agua o una ligera tensión en el pecho pueden ser la diferencia entre fluir o luchar contra el propio movimiento. Por eso, el objetivo no es añadir más, sino incluso quitar: “El mejor equipo es el que no tienes que pensar.” Y ahí es donde entra el nuevo Orca Zen.

Desde fuera, puede parecer un simple neopreno. Pero en el agua, la sensación cambia. Mateusz lo describe de forma muy simple: “Cuando me pongo el nuevo Orca Zen, realmente se siente como una segunda piel.” Y esa idea, la de desaparecer.. No se trata solo de hidrodinámica o ligereza, sino de eliminar cualquier distracción que pueda romper ese estado mental en el que todo fluye. El traje no acompaña el movimiento: se integra en él. “No siento que lleve material. Siento que me he convertido en una forma hidrodinámica uniforme.”
En disciplinas donde cada brazada y cada deslizamiento cuentan, la fricción se convierte en un coste invisible. Reducirla significa avanzar más con menos. Pero hay otra dimensión menos evidente: la sensorial: en profundidad, cualquier pequeño estímulo puede amplificarse. Un pliegue, una entrada de agua, una ligera presión mal distribuida. Todo suma ruido. Y ese ruido compite con lo que realmente importa: escuchar el cuerpo.
“Al reducir ese ‘ruido’ externo, el traje me permite centrarme completamente en mis señales internas.” El nuevo Orca Zen trabaja precisamente en ese espacio silencioso. En cómo ajusta sin crear bolsas de agua, en cómo acompaña el movimiento sin limitarlo, en cómo ejerce una compresión que no aprieta, sino que sostiene. “Es una presión ‘inteligente’. No restringe, apoya.”
Incluso en uno de los momentos más delicados como la respiración previa a la inmersión, el equilibrio es evidente. El neopreno debe contener sin interferir, permitir una expansión total sin generar tensión.
“Si puedo respirar de forma natural, puedo mantenerme relajado. Y en apnea, la relajación es el mayor mecanismo de seguridad.”
Al final, todo se reduce a eso: eliminar cualquier duda. Porque cuando estás a profundidad, no hay espacio para cuestionar el equipo. Tiene que estar completamente fuera de la ecuación. “La mayor característica de seguridad que puede tener un traje es su capacidad de desaparecer.”

Quizá por eso, cuando habla de sus próximos objetivos, Mateusz no menciona cifras concretas. No habla de metros ni de récords, sino de algo mucho más difícil de medir: eficiencia, fluidez, esa sensación de deslizarse con menos esfuerzo: “Quiero ver hasta dónde puedo llevar el deslizamiento humano.”
En ese camino, el nuevo Orca Zen no es un elemento protagonista. Es, como él mismo dice, un compañero silencioso. Uno que no empuja, no corrige, no interfiere. Simplemente está ahí, haciendo su trabajo para que todo lo demás pueda desaparecer.
Y cuando eso ocurre, cuando el equipo deja de existir, cuando el cuerpo fluye y la mente se aquieta, es cuando realmente empieza la apnea.
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